Rubio no sabía cuándo volvería, pero sí sabía exactamente dónde tenía que esperarla 🥹.
Cada vez que la azafata alemana Olivia Sievers viajaba a Buenos Aires por trabajo, encontraba al mismo perro callejero frente al hotel donde se hospedaba en Puerto Madero. Ella comenzó a darle comida, cariño y compañía, y con cada nuevo viaje Rubio volvía a aparecer.

Olivia intentó ayudarlo incluso cuando tenía que regresar a Alemania y consiguió que lo recibieran temporalmente en otro lugar. Pero Rubio tenía otros planes: escapó y recorrió kilómetros hasta regresar al hotel para esperarla nuevamente.
Después de aquel intento quedó bastante claro que encontrarle cualquier familia no iba a funcionar. Olivia inició los trámites para adoptarlo y finalmente pudo llevárselo con ella a Alemania.
Allí Rubio dejó atrás la calle, conoció a sus nuevos hermanos perrunos y encontró el hogar que llevaba tanto tiempo buscando. Aunque, viendo todo lo que hizo para volver con Olivia, parece que él había decidido quién sería su familia mucho antes que ella. 🥹