
La vacunación contra el COVID-19 representó uno de los principales avances para reducir las formas graves de la enfermedad, las hospitalizaciones y las muertes. Sin embargo, existe una idea que puede generar confusión: estar vacunado no significa que una persona sea completamente inmune al virus ni que nunca pueda enfermarse.
Aunque las vacunas ofrecen una importante protección, una persona vacunada puede infectarse y presentar síntomas, especialmente cuando existen nuevas variantes del virus o cuando ha pasado un periodo considerable desde la última dosis.
¿Por qué una persona vacunada puede enfermarse?
Las vacunas contra el COVID-19 fueron diseñadas principalmente para preparar al sistema inmunitario para reconocer y combatir el virus. Su efectividad puede disminuir con el paso del tiempo y, además, el virus puede presentar cambios que le permitan evadir parcialmente parte de la respuesta inmunitaria.
Por esta razón, se pueden producir las llamadas infecciones posvacunación, es decir, casos en los que una persona vacunada contrae el virus.
Esto no significa necesariamente que la vacuna haya fallado. De hecho, uno de los objetivos fundamentales de la vacunación es disminuir la posibilidad de desarrollar una enfermedad grave, incluso cuando ocurre una infección.
Vacunado no significa invulnerable
Una persona vacunada puede presentar síntomas como fiebre, tos, dolor de garganta, congestión, cansancio, dolor muscular o dolor de cabeza. La intensidad puede variar considerablemente entre individuos.
También es importante recordar que las vacunas no ofrecen una protección absoluta. Factores como la edad, enfermedades previas, el estado del sistema inmunitario, el tiempo transcurrido desde la vacunación y las características de las variantes circulantes pueden influir en el riesgo de infección y complicaciones.
Por eso, una persona que presente síntomas compatibles con COVID-19 no debería asumir automáticamente que está protegida simplemente porque recibió una vacuna.
Una imagen no puede confirmar un diagnóstico
La fotografía que acompaña esta información muestra un entierro y una imagen radiográfica de los pulmones, pero una fotografía por sí sola no permite determinar que la persona fallecida haya tenido COVID-19 ni que la radiografía corresponda necesariamente a un caso específico de coronavirus.
Las alteraciones pulmonares pueden tener diferentes causas y requieren una evaluación médica, antecedentes clínicos y pruebas diagnósticas para establecer un diagnóstico.
¿Qué hacer ante síntomas?
Si una persona presenta síntomas compatibles con COVID-19, lo recomendable es consultar las indicaciones sanitarias de su localidad y considerar una prueba diagnóstica cuando corresponda. Las personas con mayor riesgo de complicaciones deben buscar orientación médica de manera oportuna.
También es importante prestar atención a señales de alarma, como dificultad para respirar, dolor o presión persistente en el pecho, confusión, somnolencia inusual o una coloración azulada o grisácea de labios o piel. Ante estos signos se debe buscar atención médica urgente.
La vacunación sigue siendo una herramienta de protección
El mensaje principal no es que las vacunas sean inútiles, sino precisamente lo contrario: estar vacunado reduce el riesgo de sufrir consecuencias graves, pero no convierte a una persona en completamente inmune.
La mejor protección depende de mantenerse informado sobre las recomendaciones sanitarias vigentes, seguir las indicaciones para las dosis correspondientes cuando estén recomendadas y tomar precauciones adicionales cuando exista un riesgo elevado de contagio.
En medio de la circulación de distintos virus respiratorios, la información responsable resulta fundamental. Vacunarse no significa que nunca se pueda enfermar; significa contar con una herramienta de defensa que puede ayudar a reducir considerablemente el impacto de la enfermedad.